Este día, temprano, nos dirigimos hacia el Volcán Quilotoa. Pero antes, nos teníamos que reagrupar porque parte de la expedición se iban hacia el volcán Cotopaxi. Para ello, llegamos, a las afueras de Quito, a una bonita hacienda llamada Papagayo.
Después de un descanso de 10 minutos y con los grupos formados, nos dirigimos hacia nuestro objetivo. La primera parada que hicimos fue en el mercado de animales de Siquisili. Se trata de un mercado al aire libre donde se intercambian y venden animales, comida, plantas medicinales, etc ....
Aqui aproveché para desayunar y comer una tortitas de maiz fritas con interior de queso y puerro. Sencillamente buenísimas.
La siguiente parada que hicimos fue en otro mercado no muy lejos de este. Aqui, hicimos una derrama entre todos para comprar comida y regalar a una de las familias que vivían en las faldas del Quilotoa.
Emprendimos nuestro viaje y nos paramos por última vez para visitar una familia de indios de montaña. Aquí pudimos conocer como vivían 10 miembros en una caseta cavada en la montaña y cuyo techo, a dos aguas, estaba hecho de madera y alfalfa. Tienen una curiosa creencia en los cuyis (pequeños conejos como "conejillos de india") según la cual, los utilizan para extirpar los males de las personas. Si una persona esta muy mal, el chamán de la tribu pasa un cuyi por todo el cuerpo del paciente. Si el cuyi muere entonces es que tenías una enfermedad mala. Después se abre y se estudia de qué ha muerto.
Y por fin, llegamos al Quilotoa. Puedes ver una gran laguna en el cráter que se ha formado después de miles de años de lluvia. La verdad que es espectacular. Tiene unos 5 km de perímetro y de profundidad varios cientos de metros. Parte de la gente fue caminando al fondo de la laguna. Nosotros preferimos, relajadamente, hacer fotografías desde la altura.
Debido al mal de alturas, se recomendaba a la gente que bajase que se lo tomaran con calma a la vuelta porque la falta de oxígeno hace duro el regreso. Hacía frío y poco a poco la bruma fue invaciendo el crater como si fuera una pócima de laboratorio.
Ya de regreso, nos agarró la noche. Volvimos a la haciendo Papagayo y se agradeció el detalle del te con un pedacito de tarta de chocolate.
Ese día conocimos a un Israelí, Gal, y a un Irlandés, George. Era su primera noche en Quito así que los ayudamos a buscar sus hoteles y nos los llevamos a comer. Un día completito.
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