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domingo, 30 de octubre de 2011

23 de octubre de 2011. Segundo día en la selva

La manana amaneció con lluvia. Nos levantamos temprano. La noche no había sido buena. Los truenos, como bombas en una guerra, resonaban en nuestra choza y las gotas producían un ametrallamiento continuo sobre el techo de chapa.
Después de desayunar estuvimos cerca de una hora y media jugando con los ninos. Ante la imposibilidad de salir a caminar, dada la lluvia que caía, nos pusimos a jugar. Praticamos todos los juegos de los que me acordaba de la niñez. Uno de los que mas les gusto, fue bandera.
Finalmente, pudimos emprender el camino hacia la selva. Fuimos guiados por Roberto, un chico de 24 anos que tiene ya 2 hijos y posee una experiencia en la selva a tener en cuenta. También fueron con nosotros 3 de las ninas, Alicia (su hermana de 11 anos), Paulina y Jasmina (7 y 8 anos respectivamente y sobrinas de Roberto y Alicia).
Estuvimos caminando un poco mas de 5 horas subiendo y bajando cumbres dentro de la selva, caminando por pasadizos embarrados donde se nos enterraban los pies, bajando auténticos toboganes de lo resbaladizos que estaban. Nunca he visto tanta vitalidad y agilidad en ninos de tan corta edad. Estaban perfectamente adaptados a las circunstancias. Se mojaban y no decían nada, te miraban y esperaban, con una sonrisa, que les dijeras algo y seguro que les hacia reir. Fue gratificante esta inyección de buena energía y vitalidad.
Durante el camino tuvimos oportunidad de conocer alguna especie de plantas que ellos utilizan para protegerse de mosquitos, o de las picaduras de serpientes o bien para construir sus casas o como alimento en caso de estar perdidos. Sudábamos a pesar de hacer un poco de frío ya que había humedad y debido al gran esfuerzo que hacíamos caminando.
Tuvimos la oportunidad de visitar una cascada que estaba perdida en el interior de la selva. Me di un bano y pase mucho frio. Tuve que hacer el camino de regreso con los pantalones cortos que habia llevado, totalmente mojados.
A mi se me ocurrió la brillante idea de regresar corriendo. Me tenia que parar para coger resuello, sin embargo, las ninas subían y bajaban riéndose. Si, digo riéndose. Me dejaban en ridículo. Y no quiero olvidarme de Roberto. Menudo tío también. Subía ya bajaba con una rapidez y seguridad pasmosas.
Ya en el poblado, nos pusimos a practicar un poco de fútbol, jugamos a bandera entre otros. Ya no podía con mi cuerpo. Estaba para el arrastre.
Después de almorzar, descansamos bastante porque anocheció. Había una actividad pensada en la noche. Se trataba de salir para avistar boas o anacondas. No tuvimos suerte de ver estos animales pero si que vimos insectos como los que ellos conocen con el nombre de cucullu. Que son luciérnagas. Puedes ver como se iluminan pequeños ojos de color naranja en medio de la noche. Ellos dicen que cuando no hay linternas, cogen 10 de estos insectos y los llevan en la mano pudiendo iluminar hasta 50 cm.
Este día fue realmente duro. Tenia doloridas todas las piernas. El descanso se prometía reparador.

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